martes, 2 de noviembre de 2010

DÍA DE TODOS SANTOS

Texto y fotos gentilmente cedidos por Paulo Maia

 Niño Otomí que quería asustarme haciéndome caras



Durante esa semana, hasta el cuatro de noviembre se celebra en México el día de muertos, también conocido como el “Día de todos Santos” pues así se dice en esta región del país y no Día de todos los Santos como comúnmente se dice en español (2 de noviembre, fecha precisa para todo el país). Esta fecha ocupa un lugar muy especial sobre todo para las comunidades indígenas. En noviembre de 2008 tuve la oportunidad de acompañar y documentar durante una semana algunos aspectos de esta importante fiesta para la gente de Huyacocotla, pequeño poblado del estado de Veracruz, donde la mayoría de los habitantes son indígenas. Allí, hay básicamente tres grupos étnicos distintos: nahuas (o náhuatls), tepehuas y otomíes. De los tres grupos sólo mantuve contacto con los nahuas y otomíes. Entre estos, la celebración de muertos es realizada durante 8 días: 4 días antes del dia 2 de noviembre y los 3 días siguientes. 

Una de las características más importantes de esta fiesta es la variedad de comida, que ocupa un papel muy importante para la gente. Durante todo el día preparan sobretodo los tamales (un tipo de pan de maíz con carne) y el pan de muertos (pan común hecho en casa y con formas muy variadas, de acuerdo con la creatividad de quienes los hacen). Dichas comidas son para ofrecer a los vecinos, visitantes y a sus muertos. 

La comida para los muertos es puesta en el “altar de muertos”. Y como todos esperan ser visitados por los muertos, y para que ellos sepan donde hay altar de muertos y comida, los niños y lo mayores se divierten lanzando cohetes al aire indicando que allí hay altar de muertos. Además de los cohetes, también se hace un camino con los pétalos de flores de muertos, de la calle hasta dentro de la casa en donde se encuentra el altar.

Camino hecho con los pétalos de “flores de muertos”


 Un “altar de muertos” hecho por una familia otomí. 


He optado aquí por una foto en color para enseñar el color vibrante que tienen las flores dándole mucha vida y belleza al hogar. Esas flores son cultivadas con mucho cuidado, desde el mes de junio, lo que lleva a algunos a decir que en verdad la fiesta del día de muertos se extiende desde junio, cuando las flores son sembradas, hasta noviembre, con el cierre de la fiesta. Se puede notar también la experiencia de un sincretismo cultural y religioso entre la práctica cultural y religiosa del día de muertos y la presencia de los iconos católicos en el altar (santos católicos, el cuadro del Corazón de Jesús, y otros). Además, la presencia de la televisión (en la mayoría de las casas), como representante de lo que se podría llamar cultura moderna, no ha provocado ningún daño a las creencias de la gente. Ellos logran convivir muy bien con esas diferencias, a su manera, por supuesto.

Lanzando cohetes para que los muertos 
sepan que allí pondrá un altar con comida

Celebración nocturna en una comunidad náhuatl



La comida, elemento importantísimo durante los días en que se celebran el Día de todos Santos. Aquí, madre e hija náhuatl, preparan la comida durante todo el día.


En esta comunidad otomí se cambia la comida puesta sobre el “altar de muertos” a cada doce horas. Aquí se empieza un rito para hacer el cambio, que consiste en prender fuego a las velas, quemar incienso, y hacer una bendición, antes de cambiar las comidas y bebidas que están sobre el altar.


Paulo Maia es fotógrafo, profesor universitario, estudioso de la comunicación, mi alumno de lengua española y un nuevo y buen amigo. Apasionado por México y su cultura ya que ha vivido, estudiado e impartido clases ahí por más de un año. 

Además, colabora a menudo con nuestro querido Encuentro Hispánico a través de sus ideas, sugerencias y textos.



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sábado, 30 de octubre de 2010

Día de los muertos


La tradición de Día de Muertos en México, está conformada a través de una rica variedad de celebraciones en la mayor parte del país. Aquí le mostramos algunas de esas tradiciones.


Según la creencia de la civilización mexicana antigua, cuando el individuo muere su espíritu continúa viviendo en Mictlán, lugar de residencia de las almas que han dejado la vida terrenal. 


Dioses benevolentes crearon este recinto ideal que nada tiene de tenebroso y es más bien tranquilo y agradable, donde las almas reposan plácidamente hasta el día, designado por la costumbre, en que retornan a sus antiguos hogares para visitar a sus parientes. Aunque durante esa visita no se ven entre sí, mutuamente ellos se sienten.

El calendario ritual señala dos ocasiones para la llegada de los muertos. Cada una de ellas es una fiesta de alegría y evocación. Llanto o dolor no existen, pues no es motivo de tristeza la visita cordial de los difuntos. 

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Cliquea aquí para ver La Pulquería ¡Padrísimo!
     

La exagerada hospitalidad de los mexicanos es proverbial. Ésta se manifiesta a la menor provocación, aún más si los visitantes son sus parientes ya fallecidos.

Hay que deleitarlos y dejarlos satisfechos con todo aquello que es de su mayor agrado y asombro: la comida.

La comida


Las calaveras de azúcar


Durante la Celebración del Día de Muertos, las calaveras de dulce son preparadas de diferentes tamaños. El azúcar se disuelve en agua hasta obtener un jarabe muy espeso que se vierte en moldes. 


Cuando el azúcar se seca se decora con filigrana de azúcar coloreada y recortes de papel brillante de diferentes colores, sin dejar de colocar en la frente del cráneo un nombre de pila. 
El comprador así puede regalarla a un amigo o pariente para que se “coma su calavera”.

Se pone en la frente del cráneo de azúcar el nombre de la persona querida (por ejemplo: un/a amigo/a, el/la novio/a, etc.) y se le regala como forma de cariño.

¿Consigues leer los nombres que aparecen en estos cráneos?


¿Cómo te sentirías si tu novio(a) o tu mejor amigo/a te regalara un cráneo con tu nombre? ¿Qué harías con el cráneo?

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Cliquea aquí para conocer más de esta tradición.

Altares y ofrendas


Mientras que los altares y las ofrendas varían como variada es la tierra en México, algunas tradiciones generalmente se mantienen casi intactas. 


Actualmente, el Día de Muertos en México, representa una mezcla de la devoción cristiana con las costumbres y creencias prehispánicas y se materializa en el tradicional altar-ofrenda, una de las tradiciones más mexicanas. 


El altar-ofrenda es un rito respetuoso a la memoria de los muertos, su propósito es atraer sus espíritus.

Consiste en obsequiar a los difuntos que regresan ese día a convivir con sus familiares, con los alimentos y objetos preferidos por ellos en vida, para que vuelvan a gozar durante su breve visita.


En la ofrenda o altar de los muertos no deben faltar la representación de los cuatro elementos primordiales de la naturaleza.

Tierra, representada por sus frutos que alimentan a las ánimas con su aroma.


Viento, representado por algo que se mueva, tan ligero como el viento, empleándose generalmente papel picado o papel de china.

Agua, un recipiente para que las ánimas calmen su sed después del largo camino que recorren para llegar hasta su altar.


Fuego, una vela por cada alma que se recuerde y una por el alma olvidada.

En la ofrenda también se coloca sal que purifica, copal para que las ánimas se guíen por el olfato, flor de cempasúchitl que se riega desde la puerta hasta el altar para indicar el camino a las almas. 


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Cliquea aquí para ver la celebración del Día de los Muertos.


Aquí, siempre hay alguno de la familia esperando la llegada de ellas para demostrarle su respeto y compañía.

La flor de cempasúchitl



Considerada como parte primordial de esta celebración, la flor de cempasúchitl, es utilizada en los hogares de la demarcación para señalar el camino de los fieles difuntos. Estas flores amarillas son conocidas por sus "mil" pétalos y utilizadas sólo para esta época.



El uso de máscaras


Las máscaras desempeñan un papel muy importante en las danzas de temporada de Día de Muertos, donde las almas de los niños y los adultos, mujeres y hombres, deben ser representadas. 


 
Se entiende que en comunidades tradicionales donde a las mujeres no les permiten bailar en público, los hombres y niños necesitan representar sus papeles. 


Los que personifican a un antepasado que regresa, deben vestirse para simbolizar su presencia y mantener sus rostros bajo cubierta de facciones artificiales, ya sea ocultas por el maquillaje, una bufanda o una máscara.


Para que tengáis idea de como el componente cultural de la fiesta del Día de los muertos es importante para los mexicanos, esta máscara que aparece abajo está en una dirección electrónica de un sitio de educación preescolar para que los profesores puedan imprimirla y usarla con los niños de 2 a 5 años.
Espero que te haya gustado este breve relato sobre esta celebración tan increíble que es El Día de los Muertos. 


La finalidad de este blog es solamente llevar a mis alumnos y a todos los interesados por la lengua española y la cultura de los países que hablan este lindo idioma una pizca de lo que es ser hispanohablante. 


Gracias por acompañarme en la aventura del conocimiento. ¡Hasta pronto!

Profesor Walmir Sabino

 


 




domingo, 17 de octubre de 2010

Casa de locos

Ricardo Arjona es un famoso cantautor guatemalteco que  ya ha sido nominado a tres premios Grammy, de los que ha ganado dos por su álbum “Adentro”. Nació en un pueblo cerca de la ciudad de Antigua el 19 de enero de 1964.



Es hijo de Don Ricardo Arjona Moscoso y de Doña Noemí Morales de Arjona. A los 2 años, su familia se trasladó a la Ciudad de Guatemala donde él vivió toda su infancia y pudo iniciar sus estudios académicos y musicales.




Pero antes de ser el gran cantautor que es en estos tiempos, vivió muchas experiencias que según él fueron fundamentales para transformar a ese observador de historias en creador de canciones.


 
Algunas vividas en Buenos Aires, específicamente en la calle Florida, donde años atrás era un desconocido músico itinerante que cantaba a cambio de las monedas que los transeúntes quisieran depositar en el abierto estuche de su guitarra, o interpretando sus canciones en algún que otro bar.


 
Hoy, lejos de aquel hippie que dice haber sido, Ricardo Arjona vende millones de discos con una fórmula que combina el amor y los problemas sociales.


Ricardo Arjona es un músico de múltiples caras y lo demuestra con cada uno de sus trabajos.


sábado, 16 de octubre de 2010

Perú


Todos los nombres tienen una historia pero la historia del nombre del Perú es una prueba de la fuerza caprichosa de las leyendas. Está demostrado que ningún inca oyó hablar jamás del nombre "Perú", que no es una palabra quechua. Sin embargo, los españoles ya hablaban de "Pirú" antes de pisar lo que hoy es el territorio de este país.



Hay muchos comienzos a la historia de este nombre pero uno de ellos se puede atribuir al navegante vasco Pascual de Andagoya parte al sur y pasa el Golfo de San Miguel, en el actual territorio de Panamá. Los hombres de Andagoya bajan al nuevo territorio. A través de un intérprete, preguntan a los indígenas del lugar cuál es el nombre de ese nuevo lugar – Birú - le contestan los indios. 



En realidad, "Birú" era el nombre del cacique de la región que se llamaba así por él. Andagoya conoce al cacique Birú quien realiza una hazaña providencial. Cuando la embarcación de Andagoya se voltea en el río San Juan, Buenaventura, Birú lo salva de morir. Según el Dr. José Antonio del Busto de quien se han obtenido los datos anteriores, a partir de la expedición de Andagoya, todo lo que existe al sur de Panamá es conocido por los españoles con el nombre de "Birú" o "Pirú".



Esto significa que el nombre de este país se origina en una región de Panamá o, más aún, en el nombre que esa región había recibido debido al nombre de su cacique.

Los falsos orígenes

Sobre el nombre se han tejido una serie de falsas teorías. Una es de Fernando de Montesinos que le atribuye el término al nombre de un inca legendario por su valor y sus conquistas llamado Pirúa-Pacari-Manco cuyo reino abarcaba desde Colombia hasta Chile. Otra de las teorías etimológicas es que el nombre de Perú tuvo su génesis en el término Pirúa que significa depósito de alimentos. Tampoco han estado alejadas las tesis con basamento bíblico como la que construyeron los españoles asociando el nombre con el de los ofilitas, cuyo jefe es Ofir descendiente del patriarca Noé. También se ha comentado que Perú sería una deformación de "Piura".

Lo que importa es que Perú viene de un anónimo cacique que nunca soñó que su nombre sería el sinónimo de una de las culturas más antiguas y ricas del mundo.